«No va a haber cama para tanta gente» Michel Suárez | Madrid | 11-02-2013 – 7:47 am.


El escritor y periodista venezolano Ibsen Martínez analiza la crisis institucional por la que atraviesa el petroestado y sus consecuencias para Cuba.

Ibsen Martínez. (IBSENMARTINEZ.COM)

El venezolano Ibsen Martínez habla y escribe sin parar. Periodista de los diarios Tal CualEl Mundo Económico yMeridiano, ha publicado dos novelas y ya espera la tercera, “de tema bastante afín a la cultura cubana”. Se le conoce como un gran polemista, un intelectual de larga carrera a quien no dejan de interesarle el béisbol y las telenovelas.

Y como en Cubazuela política y suerte se mezclan hasta confundirse, DIARIO DE CUBA ha querido preguntarle sobre la coyuntura histórica de ambos países, con la enfermedad de Hugo Chávez y la crisis económica como telón de fondo.

Teniendo en cuenta los problemas crecientes de Venezuela, ¿deben preocuparse los cubanos a corto plazo?

La cúpula militar y empresarial que rodea a Raúl Castro debe estar viendo, muy atentamente, la crisis por la devaluación del bolívar. Si se considera que un altísimo porcentaje de las importaciones y operaciones se hacen en dólares, y que lo hace el Gobierno, va a ser muy difícil que el electorado de Chávez y los sectores más populares no sientan el coletazo en los precios y en la escasez. Esto es algo bastante inédito en Venezuela, pero se ha venido agudizando en los últimos años.

Los estantes de los supermercados están vacíos…

Es en los mercados subsidiados donde más acusadamente se ve la falta de harina precocida y muchas otras cosas. La respuesta del gobierno chavista es siempre retórica: echarle la culpa a una proterva conspiración de la burguesía, pero ese es un problema que está allí. Tarde o temprano iba a pasar. Si tú desmantelas el aparato productor privado, esto tenía que ocurrir. No alcanzan las divisas para importar chécheres (pacotilla).

Pero, exactamente, ¿por qué no hay comida en Venezuela?

Porque no hay quien la produzca. Todo se importa. En 2003, al final del paro petrolero, las importaciones estaban en el orden de los 13.000 millones de dólares al año, y una buena parte (el 70 u 80%) eran alimentos. Hay mucha corrupción, mucho dinero que se queda en el camino. Es un gran negocio importar alimentos, pero eso no quiere decir que lleguen al consumidor final.

Quiero recordar el escandaloso “caso Pudreval”, nombre que la prensa dio a esa cosa grotesca de enterrar los alimentos putrefactos para borrar cualquier evidencia de negociado en los puertos. Por cierto, yo no sabría, no tengo manera de saber, hasta dónde llega la corrupción de la empresa cubana que ahora maneja los puertos.

¿Está en crisis institucional el petroestado?

El chavismo se ha metido en una inescapable crisis institucional por saltarse las normas. Ellos, por supuesto, quisieran tener la elección cuando el candidato esté en las mejores condiciones posibles, contando con Chávez como avalador. Cuando digo ellos me refiero al ala madurista y raulista. Pero no lo pueden lograr porque necesitan una juramentación, se han saltado las reglas por arte de birlibirloque. El Tribunal Supremo decidió que no había ninguna de las dos faltas previstas en la Constitución, ni temporal, ni definitiva, sino todo lo contrario: un permiso médico indefinido que, para barbaridad, el propio enfermo es el que tiene que decir cuándo caduca.

¿Cuáles son las posibilidades reales de Maduro en unas nuevas elecciones?

Podría ganarlas si logra prolongar ese estado anímico —al cual se refería Rafael Rojas en un artículo—, si logra asociar la idea de que votando por Maduro se estaría cumpliendo la última voluntad de Chávez. Maduro tiene muchísimas posibilidades de salirse con la suya, entre otras cosas por la debilidad táctica que advierto en la oposición. Es increíble, porque parece que no hubieran contemplado nunca este escenario.

Chávez ha sido el típico autócrata competitivo, una figura novedosa. Él no tomó el poder por las armas, se especializó y afinó sus instintos electorales. No todo ha sido el dinero y el dispendio —esa es mi opinión muy personal—, sino también el carisma y el discurso. Mucha gente en la oposición subestima a Maduro por sus orígenes sociales, pero no es menos cierto que el culebrón de “morirá o no morirá, no regresará, si regresa se juramentará y le pondrá la mano en el hombro a Maduro”, encuentra a la oposición en un momento en que tiene que hacerse de nuevo de un candidato.

El más natural debería ser Capriles. Es el que ha tenido mejor desempeño y, de hecho, ya la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) anunció que el candidato sería escogido por consenso político, pues no hay tiempo para una primaria. Pero, entretanto, la oposición no tiene un candidato haciendo campaña. Además, ha sido muy cauta, se ha dejado intimidar, se ha maniatado, se ha atado la lengua con el problema de que “no debemos especular con la enfermedad de Chávez, no debemos ser morbosos”.

¿Por qué Capriles ha aceptado el ‘golpe de Estado constitucional’ del 10 de enero?

Habría que preguntárselo a Henrique. Yo sí creo que hubo un golpe de Estado, consumado de un modo sui géneris, de gente que decidió desatender el llamado de Chávez del 8 de diciembre por televisión. Eso era muy sencillo: si yo faltase, las provisiones constitucionales exigen que se convoque una elección lo más pronto posible y este hombre es mi candidato. Ellos no lo han hecho así. Maduro no ha sido elegido, no ha sido ni siquiera designado por el presidente electo, puesto que el presidente electo no ha tomado posesión. Es un gobierno, en ese sentido, ilegítimo.

Ahora bien, ¿cuál ha sido la posición de la MUD en todos estos últimos años? Ha sido muy difícil llegar a una concertación de partidos, pero siempre al costo de hacer la vista gorda con las inconsistencias del listado de electores, de numerosísimas triquiñuelas. En la MUD prevalece la noción de ir por la vía estrictamente electoral. Pareciera que entienden que la única manera de afrontar a Chávez, democráticamente y pacíficamente, es en elecciones. A mi juicio, dejan de lado a la sociedad civil en otras luchas, en muchos conflictos que se están dando. Hay conflictividad laboral y en todos los terrenos.

¿Qué hay de cierto en la supuesta diferencia de matices entre Cabello y Maduro?

Qué bueno que me haces esa pregunta, porque quienes han puesto a rodar lo de los “matices” son algunos articulistas. El mundo militar venezolano es muy opaco para los civiles, para los observadores demócratas. Siempre lo fue. En los últimos años esa opacidad es aún más acusada. El secretismo con el que se ha contaminado el ejército, propio del fidelismo, también contribuye a que uno no sepa realmente quién tiene influencia allá dentro.

De Diosdado Cabello solo se sabe que es un tipo a quien Chávez no veía con muy buenos ojos, pero que nunca ha podido defenestrarlo. Eso es lo que realmente sabemos, y que al parecer es un hombre de muchos negocios, un tipo de mucho dinero. A mí me alarma ver cómo hay columnistas y observadores venezolanos que dicen que él es nacionalista, como si fuese una especie de Nasser. Creo que son chavistas los dos.

Aun en el caso de que hubiese diferencias insalvables entre los generales, por ejemplo, la coyuntura y la sensatez obliga a estar juntos. No creo en la expectativa de que se está creando una crisis sucesoria y que en el chavismo se van a caer a dentelladas. Es más, creo que es irresponsable apostarle a eso. Los demócratas deben apostar a sus propios refuerzos y a su capacidad para llegar a los venezolanos con un mensaje.

Si muere Chávez y gana Maduro, ¿qué deben esperar los cubanos sobre las relaciones políticas y económicas?

El pueblo cubano no debería estar alarmado, porque tampoco hay muchas opciones. Hay consenso en la gente más sensata de la oposición de que, si gana Capriles, Venezuela tendría que ir a una transición muy concertada con factores del chavismo. Uno de los puntos es que no hay ningún motivo para repatriar a los médicos cubanos. Hay un consenso en la MUD de que no sería justo para con el pueblo cubano suspender los suministros de petróleo, aunque se insista en que hay facturas por cobrar y petróleo que debe ser pagado de alguna manera.

Y en caso de que Maduro se haga con la presidencia, pues cabe esperar una continuidad de lo que ha sido hasta ahora la política de subsidio venezolano. Así que no creo que el cubano de a pie deba aterrorizarse ante la idea de la muerte de Chávez. Pero insisto en que no va a haber cama para tanta gente, no va a haber divisa dura para repartir entre tantos aliados del ALBA. Eso obligará a Maduro a tomar decisiones bastantes impopulares, decretar una inflación, restringir el gasto público. Es lo que creo que cabe esperar, no un cataclismo, sino una profundización de la crisis institucional venezolana.

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